La Dra. Nelda Tamblay, académica del Departamento de Matemáticas de la Facultad de Ciencias:
El 14 de marzo quedó establecido como el Día Internacional de las Matemáticas tras la proclamación oficial de la UNESCO en noviembre de 2019, durante su 40ª Conferencia General en París. Esta fecha no es elegida al azar; de hecho, es uno de los juegos de palabras más famosos del mundo académico.
La razón fundamental es que, en el formato de fecha de Estados Unidos, el 14 de marzo se escribe como 3/14. Estos son los tres primeros dígitos de \pi (3.14159...), la constante matemática que representa la relación entre la longitud de una circunferencia y su diámetro. Originalmente, esta celebración comenzó como el "Día de Pi" en 1988, impulsada por el físico Larry Shaw. Años después, la Unión Matemática Internacional (IMU) lideró la propuesta ante la UNESCO, argumentando que las matemáticas son una herramienta transversal para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU.
El objetivo fue expandir la celebración más allá de solo el número \pi, invitando a reflexionar sobre el papel esencial que juegan las matemáticas en la inteligencia artificial y la tecnología, el estudio del cambio climático, la optimización de sistemas de salud y transporte y, fundamentalmente, la resolución de problemas cotidianos. Sin embargo, para que las matemáticas realmente resuelvan los problemas de todas y todos, debemos hacernos una pregunta previa:
¿Quiénes habitan los espacios donde se diseñan esas soluciones?
No podemos pretender resolver la complejidad de la vida cotidiana si el lugar donde se piensa la ciencia sigue manteniendo brechas de espacio, acceso, visibilidad y permanencia.
Para entender esta desigualdad, funciona muy bien la analogía del patio escolar. En muchos recreos, el centro del patio es ocupado por juegos competitivos que concentran a los niños, mientras las niñas quedan relegadas a los bordes, habitando la periferia. En la matemática pura, el "espacio" no es solo físico, sino simbólico y de poder académico. Al observar la dinámica de un seminario, vemos cómo se replica esta estructura:
- El centro del "patio" matemático: Es el lugar de quien está frente a la pizarra, quien dirige la discusión, define qué problemas son "importantes", firma como autor principal y acapara los recursos. Históricamente, este centro de visibilidad y liderazgo ha sido un territorio mayoritariamente masculino, algunos acumulan un poder tan desproporcionado que se permiten el lujo de decidir quién sube y quién baja. Es el terreno donde se aseguran los salarios altos y las posiciones de tenencia, mientras se observa con lupa (y a veces con desdén) la producción ajena.
- Los bordes del "patio" matemático: Aquí se sitúan quienes hablan menos en los seminarios, quienes quedan fuera de las redes de colaboración más influyentes o quienes realizan el trabajo invisible de apoyo. Con frecuencia, es en esta periferia donde encontramos a más mujeres y minorías, quienes no solo tienen menos visibilidad; hay una lucha constante por la estabilidad. Mientras algunos ven crecer su influencia, muchas mujeres enfrentan salarios que bajan inexplicablemente, contratos precarios y una presión constante que parece invitarles a abandonar el patio.
Una conclusión necesaria
Resolver problemas cotidianos exige que la ciencia sea un lugar seguro para quedarse. La brecha de género en matemáticas no es solo una cuestión de cuántas niñas entran a la carrera, sino de cuántas investigadoras son empujadas hacia afuera por estructuras de poder que premian la presencia masculina y castigan la disidencia o la diferencia.
Aprovechando la cercanía con el 8 de marzo, este Día Internacional de las Matemáticas nos recuerda que la verdadera "resolución de problemas" empieza por casa. Una matemática justa es aquella donde la permanencia no depende de encajar en el “círculo” de poder de turno, sino del talento. Porque si seguimos permitiendo que el centro del patio sea un club privado, las soluciones que propongamos al mundo siempre estarán incompletas.
El Dr. Claudio Gallegos, académico del Departamento de Matemáticas de la Facultad de Ciencias:
Aprox.
¿Para qué desgastar la hoja?
No hay palabras resonando
en el árido paraje de un eco apagado.
Solo
fr
ag
m
en
t
a
ci
ón
pura aproximación,
pura aproximación ... tan pequeña como uno quiera.
La pregunta es, entonces:
¿Cuándo vendrá el primer rumor?
Toda creación comienza con un tarareo. Antes de que una idea adquiera nitidez, antes de que una demostración matemática exhiba su arquitectura impecable, hay fragmentos. Hay intentos. Hay intuiciones que todavía no saben qué son. La matemática –como cualquier búsqueda auténtica– no nace de una certeza sino de la aproximación.
Que el 14 de marzo —escrito 3/14 en su forma anglosajona— haya sido declarado el Día Internacional de las Matemáticas tiene algo de ironía involuntaria. La fecha es ya una aproximación: un gesto finito hacia el número irracional π, ese número cuyo velo decimal se resiste a acabar. Conscientes de que no lo contiene, rozamos lo inagotable con apenas unos dígitos. Y, sin embargo, basta. En ese recorte persiste la intuición de algo que no se deja agotar. Incluso en su conmemoración, las matemáticas nos recuerdan que comprender no siempre es poseer por completo, sino acercarse con la precisión que somos capaces de sostener.
A propósito del poema inicial, me permito una pequeña reflexión: celebramos las obras de arte, las novelas, casi toda creación, cuando ya están de pie, cuando se sostienen firmes en la cumbre de una pértiga, cuando se nos revelan en su esplendor, ostentosas de su belleza.
Pero rara vez nos detenemos en el silencio que las precede: ese territorio intermedio donde el pensamiento avanza por tanteo, donde algo parece insinuarse sin decirse por completo. La experiencia inicial en matemática encuentra su belleza precisamente en ese umbral del vacío. En la aproximación hacia lo misterioso, lo que no se ha dicho, lo que no está escrito. Símbolos que todavía no dicen, que aún no son; definiciones que parecen áridas; fragmentos dispersos que no alcanzan a formar estructura alguna.
En matemática, avanzar suele ser aproximarse. Desde cero. En la oscuridad. Reconocer que el conocimiento no se impone de inmediato, sino que se afina. Cada nuevo intento delimita mejor el contorno de la idea final. Cada error acerca. La precisión es, muchas veces, una forma de paciencia.
Podemos creer que las matemáticas viven solo en pizarras, cuadernos, universidades o colegios. Sin embargo, continúan fuera de ellos. No solemos advertirlo, ni siquiera pareciera importar demasiado. Podemos repartir, por ejemplo, lo que tengamos a disposición para que alcance por igual a todos, y en ese gesto cotidiano ya opera algo semejante a una estructura. Servimos el café sin pensar en proporciones, y sin embargo ellas están ahí. Pero quizá ha-ya, sosteniendo nuestros actos más mínimos, una gramática discreta. Algo que organiza sin imponerse, que ordena sin hacerse notar. Tal vez por eso, cuando finalmente comprendemos un concepto matemático, no sentimos que ingresamos en un territorio extranjero, sino que reconocemos una forma que ya nos habitaba.
Quien ha estudiado con verdadera dedicación algún concepto matemático lo sabe: llega un momento en que las piezas encajan con una naturalidad inesperada. Lo que parecía frag-mentario adquiere coherencia. La intuición encuentra su forma. La estructura se revela. Lo que era solo una secuencia de signos empieza a hablar.
Ese instante, breve e intenso, intento decirlo en la siguiente décima:
El primer rumor
Es el nacer de un poema
como el brotar de un teorema:
se revela, arde y quema.
Es un eco que percibo
y la chispa que recibo;
se desliza cautivante
por apenas un instante
en donde tino y certeza
zurcen en la misma pieza
el rumor y lo distante.
La poesía expande el sentido humano; la matemática delimita con precisión casi quirúrgica. Ambas atraviesan un tiempo de gestación silenciosa. Las dos buscan coherencia, economía verbal, armonía interna. Las dos persiguen una verdad que primero se insinúa y producen una forma única de belleza que no depende de la utilidad inmediata.
Este 14 de marzo celebramos el Día Internacional de las Matemáticas, una disciplina milenaria, rigurosa y muchas veces esquiva. Pero podemos pensar que celebramos también algo más hondo: la capacidad humana de aproximarse sin agotarlo todo, de perseverar en medio de la fragmentación, de escuchar hasta que el silencio comienza a decir.
El Dr. Ignacio Huerta, académico del Departamento de Matemáticas de la Facultad de Ciencias:
El conocimiento matemático también implica responsabilidad
El Día Internacional de la Matemática, que se celebra cada 14 de marzo, es una oportunidad para recordar la importancia que tiene esta disciplina en nuestra cultura y en nuestra sociedad. Sin embargo, para muchas personas la matemática sigue asociada principalmente a fórmulas, cálculos o procedimientos que alguna vez debieron memorizar en el colegio. Esa imagen, aunque comprensible, representa solo una pequeña parte de lo que realmente es esta área del conocimiento.
La matemática es una de las construcciones intelectuales más profundas de la humanidad. A lo largo de siglos, distintas culturas han desarrollado ideas, conceptos y teorías que permiten describir patrones, comprender fenómenos y explorar relaciones abstractas con gran precisión. En ese sentido, hacer matemática implica investigar estructuras, formular preguntas y buscar conexiones entre ideas, muchas veces motivadas simplemente por la curiosidad y el deseo de entender mejor el mundo.
Quienes trabajan en matemática suelen dividir su desarrollo en dos grandes ámbitos: la matemática pura y la matemática aplicada. La primera busca comprender estructuras abstractas y desarrollar nuevas teorías, mientras que la segunda utiliza esas ideas para modelar y resolver problemas provenientes de otras áreas del conocimiento. Aunque a veces se presentan como mundos separados, la historia muestra que ambos están profundamente conectados. Muchas teorías que surgieron como investigaciones puramente abstractas terminaron, con el tiempo, convirtiéndose en herramientas fundamentales para el desarrollo científico y tecnológico.
Desde los algoritmos que permiten el funcionamiento de internet hasta los modelos que ayudan a comprender fenómenos naturales o sociales, gran parte de los avances que hoy forman parte de nuestra vida cotidiana descansan sobre ideas matemáticas desarrolladas a lo largo de décadas o incluso siglos.
Por lo mismo, el trabajo de quienes se dedican a esta disciplina no puede limitarse únicamente a investigar o a enseñar contenidos en el aula. Hacerse responsables de mostrar las ideas matemáticas a la sociedad no solo contribuye a desmitificar la disciplina, sino que también permite visibilizar el rol que ha tenido, y que seguirá teniendo, en el desarrollo de la humanidad.
En ese sentido, el Día Internacional de la Matemática es también una invitación a fortalecer ese vínculo entre la matemática y la sociedad. Compartir sus ideas, sus preguntas y sus descubrimientos no solo contribuye a derribar prejuicios sobre esta disciplina, sino que también permite reconocerla como una parte esencial del desarrollo intelectual y cultural de la humanidad.
