19 de octubre

Prof. Dr. Alejandro Roth: importancia del agua en el Día Mundial de la Alimentación

Prof. Dr. Alejandro Roth: importancia del agua
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Desde el año 1945 la FAO celebra el 19 de octubre el Día Mundial de la Alimentación. Cada año propone una consigna diferente para llamar la atención de la población sobre la importancia de que los países trabajen con el compromiso de asegurar la alimentación de cada persona. En 2023 el lema es “El agua es vida. El agua nutre".

El profesor Alejandro Roth, académico de nuestra Facultad, opina acerca de esta conmemoración en esta columna de opinión:

19 de octubre: Día Mundial de la Alimentación

“En el agua se inicia toda la vida”.

Frank Herbert. Dune

Uno de mis libros favoritos es “Dune” de Frank Herbert. Una obra titánica donde el autor tomó grandes temas de ecología terrestre y los combinó en una fantasía espacial donde las condiciones desérticas amplifican los conflictos sociales, potenciados por el desarrollo de la tecnología, las diferencias culturales e incluso las discusiones teológicas. Todo bajo la premisa de un planeta y la escasez de agua. Pero, ¿esto es fantasía o no se aleja mucho de nuestra realidad?

A nivel molecular, el agua tiene características químicas que condicionaron en la aparición y la evolución de la vida en nuestro planeta. Es por eso que la astrobiología, la rama de la biología que realiza la búsqueda científica de vida en otros planetas, comienza sus estudios buscando evidencia de la presencia de agua. ¿Es posible que exista vida sin agua? Supongamos que sí, pero jamás lo hemos visto y simplemente no nos podemos imaginar cómo serían esos seres vivos.  Claro está que esta falta de imaginación puede estar condicionada a que no podemos sobrevivir más de tres días sin agua.

Pero volviendo a nuestro planeta, si bien el agua cubre dos tercios de la superficie, dependemos de aquella que denominamos “agua dulce”, y que corresponde solo al 2.5% del total.  Esto explica las deprimentes estadísticas: FAO y UNICEF estiman que más de 2 mil millones de personas no tiene un acceso adecuado a agua potable y que este problema que podría exacerbarse producto del cambio climático. Si bien el acceso al agua potable es un derecho humano reconocido por la ONU (artículo 11.1, Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales) y varios otros organismos internacionales, la meta está lejos de ser una realidad. Aún más, si consideramos que poco más del 70% del agua dulce es usada en la agricultura, podemos entender la proyección de que hacia el final de esta década casi 700 millones de personas podrían estar obligadas a migrar producto de sequías o escasez de agua. Sumado a esto, las mismas características que hacen del agua el solvente en el que flotan las moléculas de la vida, permiten que esta arrastre consigo una gran cantidad y diversidad de contaminantes de los que debemos hacernos cargo antes de poder usarla. A final de cuentas, todos estamos “río abajo” de alguien más y estamos expuestos a lo que ocurra con nuestras reservas, las que han disminuido notablemente.  Tenemos cada vez menos agua, y la que tenemos está cada vez más contaminada.

Si miramos nuestro país, podemos reconocer que este año hemos tenido un año “normal” en precipitaciones cuando lo comparamos con la sequía de los últimos 12 años. Pero esto no es suficiente, el cambio climático ha exacerbado el proceso de desertificación, extendiendo las zonas desérticas cada vez más al sur, lo que nos obligará a repensar las zonas que usamos en agricultura, a adaptarnos a menos fuentes de agua naturales y a corregir la infraestructura que se requiere. Es así como algunas zonas del país ya han optado por procesar agua de mar a fin de obtener agua dulce, aún cuando esté dirigida principalmente al uso industrial. Este procesamiento mediante “osmosis reversa” no es sencillo y casi puede considerarse el equivalente a “exprimir” el agua salada hasta lograr extraerle agua dulce. Como es evidente, esto requiere equipos caros y la energía para hacerlos funcionar; pero simplemente nos vamos quedando sin otras opciones. La pregunta es entonces, ¿quién pagará esa cuenta?

Aún persisten en nuestro país muchas áreas rurales y periurbanas donde el acceso al agua potable es limitado o inexistente. Esto no solo perpetúa la desigualdad y pone en riesgo la salud de las poblaciones más vulnerables, sino que pone en entredicho la salud de toda la población.  Si algo aprendimos de la pandemia de COVID-19 es que la salud de la población depende de que todas y todos tengan acceso a los elementos de prevención, porque en estos temas nadie se salva solo.

Frases como “la situación hídrica mundial es un desafío multifacético que requiere una respuesta global” suenan muy bien, reiteran lo obvio y permiten diluir las responsabilidades. Entonces, si bien es bueno que cada quién revise la cantidad de agua que ocupa de manera directa (por ejemplo, cerrar la llave de agua mientras se lava los dientes), no pierda de vista que un porcentaje importante del agua se usa en la producción de comida. Por lo tanto, si logra a disminuir la pérdida de alimentos en su hogar, también está contribuyendo.

Y afírmense, que este problema nos va a acompañar por largo tiempo.

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